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Ensayo - Cine Danés

  • Foto del escritor: rotzankmraz
    rotzankmraz
  • 13 dic 2024
  • 4 Min. de lectura

Melancolía, de Lars von Trier


La película Melancolía (2011), dirigida por Lars von Trier, es una obra que nos acerca a

temas como la angustia existencial, la inevitabilidad de la catástrofe y las relaciones

personales, reflejando una sociedad que se enfrenta a la ansiedad, la crisis y una constante

sensación de desesperanza. Se estrenó en Dinamarca, que resulta curioso, pues Melancolía

plantea una narrativa apocalíptica que resuena con el contexto social de una Europa

afectada por los problemas emocionales, o la crisis económica, que a pesar de su aparente

estabilidad siguen marcando a muchas personas. En este ensayo exploraré el efecto de la

película en la audiencia, cómo refleja el malestar social de la época y analiza los aspectos

técnicos de la misma, como la cinematografía y el uso del sonido. Para apoyar este análisis,

me apoyaré en ideas de otros grandes nombres como Jean-Paul Sartre y Richard Wagner,

ya que ambos presentan conceptos interesantes que se pueden relacionar con Melancolía.

La película sigue a dos hermanas, Justine y Claire, mientras el planeta Melancolía sé

aproxima a la Tierra, lo que a primera vista sería un evento astronómico sin precedentes

pronto progresaría a la inminente destrucción del mundo. La premisa, aunque plantea un

evento posible se retrata de una manera algo filosófica e incluso fantasiosa en cierta medida,

representa una realidad psicológica que afecta a muchas personas en la sociedad

contemporánea. En el contexto de una rápidamente creciente preocupación por el futuro del

mundo, la inestabilidad emocional o el desmoronamiento de la sociedad en la catástrofe, la

película explora el impacto emocional del apocalipsis.


A un nivel más colectivo, se nos presenta una fuerte sensación de impotencia ante eventos

que están más allá del control humano, esto además, se entrelaza con una variedad de

personajes que atraviesan por diferentes problemas personales, tanto en sus relaciones

como de manera interna, todas giran alrededor de Justine, la indiferencia de su madre, la

relación de amor y odio de con su hermana, la incertidumbre en su matrimonio, o el repudio a

su jefe, todas se van desarrollando conforme la depresión que sufre Justine se vuelve

insostenible y la quiebra en múltiples ocasiones.

Podemos relacionar esta obra con las ideas de Jean-Paul Sartre sobre la existencia humana.

Sartre argumentaba que “la vida no tiene sentido a menos que se lo demos” y, en

Melancolía, vemos a Justine aceptar el destino del mundo con una serenidad que contrasta

mucho con la ansiedad de los demás personajes. Este fatalismo refleja el existencialismo y la

realidad humana de Sartre, donde la libertad de elegir cómo enfrentarse al fin inevitable es él

único consuelo. A través de Justine, Von Trier también nos presenta una visión del mundo

donde la depresión y la aceptación de la nada son, irónicamente, las respuestas más

sensatas en la realidad que enfrenta.


El uso de la música clásica, en particular el “Preludio de Tristán e Isolda” de Richard Wagner,

es un pilar a la hora de establecer el tono emocional de la película, así como prepararnos

psicológicamente para el gran evento. La pista de Wagner, es perfecta por su habilidad para

potenciar las tragedias épicas y las emociones profundas, también refuerza la atmósfera de

lo inevitable y desesperanza que acompaña a la película. Según la teoría de Wagner,

presentada en Ópera y drama, la “recurrencia de elementos melódicos” crea el principio para

“una forma artística unificada que se extiende no solo a áreas limitadas del drama, sino a

todo el drama, uniéndolo todo. En otras palabras, la recurrencia de los motivos principales

(leitmotif) es un principio estructural y unificador”, y en Melancolía, esta unificación se logra a

a través de la repetición del “Preludio de Tristan e Isolda” durante los momentos más

dramáticos, creando una conexión emocional con lo presentado en la pantalla.

La cinematografía de Melancolía también es una herramienta importante para transmitir el

mensaje de la película. El director de fotografía Manuel Alberto Claro emplea tomas amplias

y composiciones estilizadas que remarcan lo pequeño del ser humano frente a la inmensidad

del cosmos. Particularmente se destacan la secuencia introductora, que nos presenta

escenas cuidadosamente elaboradas, con una técnica que las hace parecer obras de arte en

movimiento y que están repletas de simbolismos. Estas imágenes, como señala el crítico de

cine David Bordwell, son “… cuadros fantásticos, coloridos y casi inmóviles… Esto difiere

notablemente del resto de la película, que está filmada en el estilo semidocumental que sé

ve en la obra Dogma de Trier”. Pues las escenas más íntimas se capturan con cámara en

mano, lo que permite acentuar la inestabilidad emocional de los personajes. Este cambio de

estilo visual no solo refuerza el tema central de la película, sino que también ayuda a crear

una atmósfera de cierta manera claustrofóbica en los momentos clave.

En conclusión, Melancolía es una película que, a través de su narrativa apocalíptica,

representa la ansiedad y el malestar de una sociedad que se enfrenta a una crisis que

está fuera de su control. Lars von Trier utiliza de una manera increíble la cinematografía, él

sonido y la música para crear una atmósfera opresiva e intrigante, mientras invita al

espectador a reflexionar.


El impacto que tuvo este film en la audiencia global, especialmente en momento de una

creciente incertidumbre, demuestra que el arte puede servir como un espejo para la

sociedad. Von Trier nos presenta una visión pesimista, pero muy humana, de cómo

enfrentamos nuestras propias tragedias, y nos recuerda que, aunque el fin del mundo sea

inevitable, la manera en que lo enfrentamos define nuestra existencia como seres humanos.

 
 
 

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